te hablan de muros

pero a la vez callan los mejores

te dicen

¡que bonico! ¡máquina!

pero por dentro envidia


les respetas por más años

por spray en vez de brocha

por la técnica ensimismada


pero ellos no respetan tu nuevo horizonte

no respetan (ellos)

o no

quieren darse cuenta

de que nos rodea lo mismo

de que coger una paletina con acción política era

lo lícito


AHORA eres la rara que grita

que dibuja coños en espacios perdidos del

régimen


y te dicen

¡mal!

y yo digo

¡pa' mal tu boca en el bordillo machi!


sigue decorando

te espero saltando el muro

Hace dos años aproximadamente una ventolera canaria sacudió Bilbao; arena negra en mitad del hielo. Eramos tres y queríamos comernos la calle. Chicas malas y, encima, feministas. Boquillas en bocas, trasnochadas en Somera. No te metas con nosotras o patada en la cara ¿De dónde sois? ¿SOIS? ¿Venezuela, Chile, Argentina? La tombola de las raíces (ojos en blanco). Había que aguantarlo allá donde alguien quisiera conocernos y claro, respondíamos con orgullo que éramos de Canarias, absortas del exotismo que nos rodea por ser. POR SER.


Tres canarias viviendo en Euskal Herria, la cuna de los movimientos sociales en este Estado podrido y fascista. El país de las oportunidades, donde se vive bien, donde empezar de nuevo. Bueno… depende de quien seas. Si tienes la piel más dorada que la tierra y duermes en Sanfran ¡olvidate! Y aunque podríamos hablar sobre el racismo que se respira en Bilbao durante tres tertulias más, este texto concreto va sobre otra cosa: la hipocresía de las artistas; este relato va sobre como nosotras artistas jóvenes, esas que vamos de progres, de distintas, de raritas, de emprendedoras, de punks y de alternativas, encubrimos y acogemos acosadores y violadores que se dejan caer. Sí, nosotras a ellos. Algunos puede que lean este texto: eso espero, allá donde te escondas esto es para ti y tus amigos.


Pasa que mientras nosotras disfrutábamos de nuestra nueva libertad en una nueva ciudad e íbamos conociendo a más y más gente y corríamos por un campo de margaritas y pintábamos y soñabamos, llegamos a congeniar muy bien con cierto sector artístico. Vean ustedes, en la Facultad de Bellas Artes de Leioa para ser conocida tienes que ser aceptada en el cuadrado ¡AY! Ese bello lugar de culto a Maria. No, no se trata de una secta, es solo el patio del recreo de las niñas y niños de artes.


Aquí es donde entran los machos en acción. Nos rodeaban y no lo sabíamos. A veces crees que por estar en terreno artístico la tierra se mueve al revés y más lenta, pero creo que se mueve hacia abajo y más rápido aún; quién se come a quién suele ser la premisa. Hay menos oportunidades para todas nosotras por lo que la competitividad es más alta. Pienso que la mayoría creamos un personaje para intentar encajar en este wall street artístico y que muy pocas llegan a enseñar lo que de verdad se esconde detrás de su creación, de su yo. Es normal, todas tenemos miedo… a caer, a que nos explote la gran burbuja del arte contemporáneo en la cara.


Es uno de estos personajes, asiduo y conocido de sobra en este ambiente, el que tiró de privilegios machunos sobre una de nosotras. Un día, así, sin más. Vio la oportunidad y quiso aprovecharla ¿Por qué no? En una fiesta, en una calle, en una cama ¿qué más da? ‘’No creo que se de cuenta.’’ Dijo el macho para sí mismo. ‘’La meto un poquito y ya’’ Dijo el macho burgués disfrazado de hippie.


¡NO!

¡TE DIJE QUE NO, CABRÓN!


Al día siguiente el cielo seguía igual de gris, pero esa ‘’una de nosotras’’ no se iba a callar los gritos. No, no. Lo denunció. Sin estado policial que nos valiera, decidimos abrirnos a nuestras compañeras artistas, a nuestras compañeras feministas… pero ¿qué pasó? Solo fue una tentativa… No nos escucharon. Esa ‘’una de nosotras’’ no fue apoyada. Toda la sororidad se fue por el desagüe del jodido patriarcado. Él pertenecía al selecto grupo de culto a nada, él seguía en nuestro terreno, seguía molestándonos la vista cada día, seguía contaminando el aire, seguía entintando nuestras hojas de alto gramaje.


Ante todo nuestro griterio, no se si fue por vergüenza o por amor propio pero acabo huyendo. Se fue de Bilbao y una vez fuera de frontera, confesó su crimen. Detrás de un teclado y una pantalla ¿Y cuál fue la reacción? Fue adulado y rodeado de aplausos, ustedes, nosotras las artistas; nos emocionamos con el #meetoo masculino y nos saltaron las lagrimitas como en el cine. Aplaudimos al maldito patriarcado, aplaudimos al falso llanto de un hombre cis y blanco privilegiado. Nosotras. Personas supuestamente hipersensibles a las realidades que nos rodean, personas capaces de determinar qué es lo bello y qué es lo horrendo. Sensibles y sensibilizadas… o eso dicen, aún no he visto esas dos cualidades juntas en una misma creadora.


Nos la coló, como hacen Hirst o Koons con sus vitrinas y aspiradoras, como la empresa Guggenheim con la estructura espinal de la esta antigua ciudad industrial; ciudad de hierro. Y es que, al final, solo somos unas groupies del arte contemporáneo y ni siquiera sabemos que coño significa esto ¿Crees que por leer cien libros sobre la ley de la estética llegarás a ser una ‘’buena’’ artista? ¿Crees que el arte y la política no tienen nada que ver? Enhorabuena, bienvenida a la antesala del arte elitista. Cantamos sus canciones a coro durante los cuatro años que dura el grado y luego ¡a tirarse al cuello de la otra!


Que tirria, que cansancio me dan, me doy.


Nos olvidamos de la víctima, nos olvidamos de que una de nosotras grito y pataleo y lo avisó, y lo volvió a avisar. Lo denunció y lo re-denunció. Y al final de la obra solo nos acordamos del macho protagonista de todas las historias escritas hasta ahora. En vez de adorar a la virgen deberíamos haberle besado los pies a Atenea. Y no solo. Creernos hubiera sido el primer paso. Pero no, el mundillo del arte bilbaíno tiene la música demasiado alta como para escuchar a alguien que viene de fuera. En vez de eso seguimos bailando en la fiesta de moda y lo alzamos al cielo, entregándoselo a dios.


Esta ola de peloteo hacía el opresor le animó a volver. Y está. Está aquí. Pavoneandose sobre no se que de nuevas masculinidades; privilegios de unos pocos. Le estamos escondiendo y protegiendo: en el nuevo centro de arte, en la nueva tienda de moda autogestionada, en el nuevo centro social, en la nueva inauguración, en el nuevo acto. Como si estuviera limpio después de revolverse en el barro. Se mueve por aquí como si estuviera en su salón. Es tu amigo o tu amigo le conoce. Nos conocemos todas, de manos y de vista. Vas por la calle y te vemos. Y duele, duele mucho; no solo pertenecer a un colectivo que nos ha dado la espalda, duele porque en esta ciudad llena de nuevas para nosotras ha llovido mucho debajo del paraguas.


Pero aquí viene la amenaza: esta es nuestro radio de acción ahora y no eres bienvenido. En nuestra casa no vas a entrar más, no pasarás del descansillo. Somos unas pocas locas politizadas las que rehusamos del arte católico y tradicionalista que se imparte en la institución, pero eso no es barrera. El akelarre crecerá. Lo que para unos es moda o incluso una forma de venderse, para nosotras es lucha y cuerpo. Y ARTE. Las vendas se irán diluyendo. No nos caímos con tu zancadilla y no nos vamos a cansar ahora. Te vamos a señalar, te vamos a nombrar. Vamos a hacer una hoguera tan grande, tan alta y con tanta rabia que no te quedará otra que quemarte.


O te responsabilizas o ardes.

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